jueves, 18 de junio de 2009

El lobo con piel de oveja

Carlos Angulo Rivas

En nuestro país ya nada puede sorprendernos. Finalmente la casta política gobernante encabezada por Alan García, jefe supremo de una frondosa mafia de intereses, retrocede por temor a las movilizaciones populares y la exigencia de la vacancia presidencial luego del etnocidio-genocidio de Bagua. Alan García un individuo de mil caretas, actor cínico cuando pone cara de seriedad, trágico cuando le salen los exabruptos de su prepotencia y cómico cuando baila con cara de diablo “la vida es un carnaval” salió a la TV a pedir calma y reconciliación nacional. Contrito y arrepentido reconoce errores y exageraciones, contrito y arrepentido reconoce no haber consultado a los nativos antes de legislar contra ellos, pero no nos dice que sin legislación alguna, excepto su teoría del perro del hortelano, ya ha entregado y comprometido 63 millones hectáreas en la amazonía con las empresas transnacionales. Indudablemente, todos estos contratos firmados por el gobierno a estas alturas son nulos “ipso-jure” aunque se continúe explotando los recursos naturales comprometidos en la ilegalidad.

La intransigencia del gobierno hasta llegar al etnocidio-genocidio de Bagua no era inocencia ni soberbia, ni capricho ni terquedad, sólo defensa de intereses crematísticos antinacionales e inconstitucionales. Grandes negocios para decirlo en concreto. Sin embargo, con el cinismo de su nueva cara de arrepentido, Alan García insiste en que los decretos legislativos no fueron entendidos ni comprendidos porque los “agitadores” engañaron a todos, claro menos a él, el único convencido de una legislación protectora de la selva y sus recursos naturales. Contra sus costumbres de agitador de plazuela, papelito en mano para no salir con una de las suyas, Alan García leyó que “agitadores y politiqueros” convencieron a los nativos de que dicho decreto los afectaría y que “enemigos y políticos de otros países competidores del Perú” se aprovecharon de las muertes de policías y nativos para destruir la imagen de nuestra patria.” Observamos el colmo de las mentiras, porque hace dos días apenas el mismo García Pérez dijo que los diálogos con el gobierno estaban agotados después de nueve meses de espera y además por la obstinación de Alberto Pizango, a quien acusó de terrorista sin ton ni son. La cuestión de fondo es ¿cómo los negociadores del gobierno, asesores, antropólogos y especialistas, no pudieron convencer a los nativos de esta legislación “protectora” de sus intereses y del país? ¿Y cómo ahora los podrán convencer a ellos y a la nación entera en aras de la reconciliación nacional, cuando los ilegales contratos operativos con las empresas transnacionales siguen sin ser tocados? Un mínimo de coherencia no se observa en el accionar de un gobierno derrotado en el baño de sangre de Bagua.

Lo que sí está claro, es que Alan García y el títere Yehude Simon han esperado el visto bueno de Washington para convertirse en buenos, no violentos y comprensivos. En política no hay casualidades. Y no es una casualidad, por supuesto, que el embajador de Estados Unidos en Lima, Michael Mc Kinley, se haya adelantado, dos horas, al mensaje de arrepentimiento de García Pérez, dando el visto bueno a la derogación de los decretos legislativos 1090 y 1064 referidos a la ley forestal. El embajador norteamericano dijo comprender la situación que vive el Perú y la necesidad de derogar esa legislación. Agregó, además, que apoyará un nuevo marco legal para proteger el medio ambiente en el marco del TLC con su país. “Apoyamos los derechos de las comunidades a ser respetadas, son metas que todos compartimos, es algo que se va a decidir entre el pueblo y el gobierno peruano y deseamos que lleguen a un resultado bueno.” Bueno y ¿quién le dijo a este señor que puede intervenir abiertamente en un asunto concerniente sólo a los peruanos? ¿No está tipificada la injerencia en este caso? ¿por qué se calla la boca la prensa empresarial y la TV? ¿Actuarían de la misma forma los periodistas si estas declaraciones fueran de los presidentes Evo Morales, Rafael Correa o Hugo Chávez.?

El reconocimiento a las “fallas y excesos” por parte de García Pérez es un saludo a la bandera para liberarse del acoso a su gobierno y su próxima caída en virtud del enjuiciamiento que lo espera, por genocidio, en las cortes nacionales e internacionales. El lobo disfrazado de oveja no le queda. El respaldo a la decisión del primer ministro, el pelele, Yehude Simon, de proponer la derogación de la legislación ilegal y de comenzar un nuevo diálogo a favor del desarrollo de la selva suena hueco como huecas son las palabras cuando lee lo que le han escrito y no sale a flor su verdadera personalidad bipolar y sus verdaderos pensamientos del perro del hortelano. “Es mejor una rectificación valerosa que una torpe obstinación por ver quién gana. Sé que el Parlamento así lo comprenderá y yo se lo pido públicamente” señala el Alan García arrepentido. Por favor, aquí no hay quién gana y quién pierde porque Usted ya ganó y con creces en los contratos ilegales que no serán tocados en el “nuevo diálogo” con los nativos, a saber, con empresas españolas, norteamericanas, coreanas, chilenas, etc. donde 63 millones de hectáreas en la selva están comprometidas. No nos hemos olvidado del escándalo de los petro-audios donde Usted estaba con las manos en la masa. Tenemos, por ejemplo, para refrescarle la memoria, a las empresas petroleras que están operando activamente en la amazonía a través de las negociaciones directas de Petro Perú, las transnacionales: Pluspetrol Norte, Korea National Oil Corporation, Daewoo Internacional, SK Corporation, Maple producction, Burlington - Conocophillips, Repsol, Petrobras, Barret, Hunt Oil Company, Occidental, Petrolífera, Sapet, Pan Andean, CCP, Hocol, Amerada Hess, Cepsa y Talismán; todo esto sin contar los proyectos del etanol y la extracción maderera. ¿Puede creer alguien en el retroceso de Alan García, el mismo de los genocidios del pasado diciendo para las tribunas “o se van ellos o me voy yo” encima de cientos de cadáveres?
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