viernes, 3 de octubre de 2008

3 de Octubre: La Revolución Peruana

Juan Velasco Alvarado




Hasta las siete de la noche 3 de octubre no se sabia con certeza, quién era el nuevo jefe militar y político del Perú. No era necesario preguntar el motivo de la sublevación: la pagina once. El petróleo: ¿Pretexto o rectificación histórica? ¡Como saberlo! Las tropas involucradas en el golpe de Estado habían actuado con una determinación desconocida hasta entonces. Un coronel de rostro afilado se había llevado a Belaúnde. Cuando resplandeció el flash de los fotógrafos y el presidente quiso forcejear y liberarse, el militar se impuso, sacándolo en vilo. El Palacio amaneció bajo la protección de blindados y paracaidistas. La Guardia de Asalto formaba pelotones en plazas y calles céntricas. Grupos descontentos con el cuartelazo quisieron protestar La Colmena y la Plaza San Martín, pero la Guardia contestó a balazos. Cayeron dos muertos y varios heridos. Creció el rumor de que se encontraba al mando un general Velasco. Para el país, un desconocido.

Velasco y los coroneles venían reuniéndose en una pequeña oficina próxima a Surquillo desde hacia varios meses. El coronel Fernández Maldonado era quien lideraba a los coroneles: Leonidas Rodríguez Figueroa, un cusqueño, Rafael Hoyos Rubio, un ranger que había sido espada de honor; Luis Gallegos Venero, de los comandos paracaidistas, también cusqueño. Solo cuatro al principio. Las instituciones se hundían borrosamente en el Perú. El problema de la tierra iba a causar una explosión social en los Andes.

Entre comuneros sin tierra y yanaconas, el descontento llegaba a millones de peruanos. Todos los coroneles habían intervenido en la lucha antiguerrillera que acabo en 1965. Ninguno ignoraba que la cordillera era una inmensa fortaleza natural. De otro lado, la Fuerza Armada necesitaba modernizarse. Las técnicas de la guerra habían cambiado vertiginosamente en los últimos anos. El Perú tenía tanques de la II Guerra Mundial. Los transportes de orugas se plantaban cada diez kilómetros por desperfectos mecánicos. Parte de las tropas aun estaba armada con fusiles Mauser de comienzos de siglo. La artillería era obsoleta. El Ejercito carecía de cohetes y de un sistema apropiado de comunicaciones Los cuarteles se caían de viejos. Los mejores oficiales abandonaban la carrera debido a necesidades económicas. Pese a los cruceros adquiridos por Prado, la escuadra nacional no podía medirse con la chilena y Chile, la pasada guerra, los territorios vacíos, despoblados entre Moquegua y Arequipa eran una obsesión para Velasco. La Fuerza Aérea aun no tenía aviones de combate supersónicos. Faltaba todo: piezas, repuestos, municiones, equipos. Llegaron otros coroneles, de uno en uno, cuidadosamente seleccionados. Ante el fracaso civil, era necesario comandar la modernización del Estado. Expropiar industrias y empresas estratégicas. El desorden sindical y las componendas de los partidos políticos serian sustituidos por una nueva organización social, que movilizara fuerzas nuevas de la población. Pero la Fuerza Armada no aceptaría un golpe de coroneles. Al principio tendrían que conceder porciones de poder a generales que habían tolerado la lenta acumulación de ese desastre.


Velasco golpeo y no telefoneo a los jefes de las regiones militares para pedir permiso sino para comunicar que el golpe estaba consumado. El general Ernesto Montagne, que lo seguía en rango, no se atrevería a oponérsele. Generales de brigada con mando de tropas en Lima se habían sumado al movimiento antes del amanecer. Mandaba la fuerza así que demoró en ir a Palacio, quedándose cerca de las fuerzas sublevadas. Desde que rompió el día, Velasco tronó por el teléfono. No se discutía un hecho terminado: Belaunde estaba en Argentina, cuyo gobierno le había impedido reembarcarse hacia el Perú. Acabo la democracia. Ahora tenían que formar un gobierno presidido por Velasco. Una tras otra, las principales jefaturas del Ejército se le fueron entregando. Después vino la confrontación con los almirantes y los aviadores. A las cinco de la tarde empezaron a volar helicópteros sobre Lima. Ya Velasco estaba en Palacio. Llegaron los jefes navales. También los de la Fuerza Aérea. Desde las regiones militares venían los jefes a quienes Velasco encargaba nuevos cargos políticos, moviendo hacia arriba a su propia gente en los mandos militares. Al anochecer las estaciones de radio y TV entraron en cadena para mostrar al desconocido que iba a gobernar: ojillos brillantes, un bigote corto, a la antigua; una voz ronca que con las justas pudo despachar la primera proclama, de inevitable estilo castrense. Velasco no dijo que habría elecciones, ni puso límite a la intervención militar.

Aun no habían terminado de descolgar decenas de miles de retratos oficiales de Belaunde como presidente de todos los locales públicos del país, cuando sorpresivamente la radio y la TV quedaron encadenadas a Palacio de gobierno. La Junta Militar en pleno apareció de pie, en uno de los salones. Velasco invito al coronel Fernández Maldonado a que leyera un decreto ley acabado de promulgar.

Expropiaba la International Petroleum Co. La Brea y Pariñas eran del Perú y los peruanos explotarían ese petróleo. A la IPC se le expropiaba todo: la refinería de Talara, sus campamentos, maquinarias, hasta sus camiones de reparto y sus grifos. La IPC no era grata para el país. Se le cancelaban sus concesiones en la selva por no haberlas explorado en busca de petróleo. Después habló Velasco, con voz todavía ronca. Esa mañana, tropas de la I Región Militar habían tomado sorpresivamente el control de Talara, los campos petroleros y las instalaciones. El almirante Zimic habia asumido las funciones de interventor y gobernador de la ciudad petrolera. El Perú no volvería a tolerar inmoralidades en el manejo de sus riquezas o en la negociación de contratos para explotarlas.




Juan Velasco


















TOMADO DE: LOS PRODIGIOSOS AÑOS 60 (Guillermo Thorndike)





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