viernes, 10 de octubre de 2008

Las ratas saltan ¿y el reo contumaz?



Carlos Angulo Rivas


Nadie en el país, absolutamente nadie, ni siquiera los apristas o los colaboradores cercanos, ministros e íntimos amigos de Alan García Pérez creen en la probidad de este sujeto encargado de la presidencia de la república. Los antecedentes de su primer gobierno y la prescripción de sus delitos en un amarre de proporciones con los amorales jueces supremos nombrados por Fujimori y Montesinos hablan por sí solos. Los hechos de su actual gobierno no hacen sino confirmar lo que ya se sabía. Los apristas con el jefe de la mafia, aplaudido y venerado, volvieron a entrar con hambre de ratas y están haciendo lo único que saben hacer: cargarse el país en hombros y salir como millonarios airosos comprando a jueces, fiscales abogados, militares y periodistas; y por supuesto comprando propiedades en el extranjero y abriendo abultadas cuentas secretas internacionales. La corrupción gobierna, la corrupción seguirá gobernando es la consigna de Alan García, yo conozco el país parece decir. El escándalo de “Petrogate” como lo llaman es simplemente un botón de muestra de los dos años de gigantesca corrupción en marcha, iniciada por el jefe del “cambio responsable” y del “futuro diferente” de su anterior gobierno; tanto es así que la única defensa de Jorge Del Castillo envuelto hasta el cuello en el desmadre de la corrupción actual, vociferada por la TV, ha sido echarle la culpa a las “ilegales” grabaciones que violan la privacidad de las conversaciones. “La existencia de una red mafiosa que ha hecho de la interceptación de las comunicaciones una industria organizada y orientada a la persecución política, lo cual- agregó Del Castillo- es inadmisible en democracia.” Qué frescura, él quisiera que no existieran pruebas y las “negociaciones” y el “reparto” pasaran tranquilamente.

Hagamos un poco de memoria. Del anterior gobierno aprista tenemos los escándalos de la venta de los Mirages; del tren eléctrico coima denunciada por el italiano Siragusa quien entregó medio millón de dólares en cash a García Pérez en sus propias manos; de los depósitos de reservas en el BCCI quebrado; del tráfico de dólares MUC; de las cuentas de Mantilla; y un montón de etc. etc. para quienes quieran investigar por qué los corruptos jueces supremos nombrados por Montesino y Fujimori aprobaron la prescripción de sus delitos y levantaron la orden de captura del famoso reo contumaz. De este segundo gobierno, García Pérez no está exento de delitos, pues la modalidad de enriquecerse junto a sus secuaces, los íntimos del presidente, sigue siendo la misma a través de los operadores de confianza, el conocido delincuente, también liberado por prescripción, León Alegría, el abogado Alberto Quimper, el abogado Arias Schereiber, Saba, Gutiérrez, etc. Seguro, los desconfiados pedirán pruebas antes de involucrar al presidente en los negocios turbios, sobre todo después de denunciar enérgicamente, fresco como una lechuga, a las “ratas” de su gobierno. Pero aquello de gritar cojan al ladrón, al ladrón, es un cuento viejo de todos los presidentes y con mayor razón del llamado “siete suelas” García Pérez debido a las utilidades obtenidas de cuatrero mayor.

Sin duda las “ratas” saltarán del barco, la crisis ministerial con sus “perdedores” es parte del salto mortal. El escándalo ya se llevó de encuentro a la mano derecha del peculado: Jorge Del Castillo, presidente del Consejo de Ministros y responsable de las concesiones petroleras. Pero aún el asunto no está claro, pues hay una pista que nos lleva hasta palacio de gobierno con fotos y peliculina. ¿Por qué García Pérez recibió, conversó y negoció con el siniestro dominicano Fortunato Canáan? ¿Cómo es que el dominicano ya tenía buenos negociados con Hernán Garrido Lecca en la construcción de hospitales y centros de salud? ¿Y cómo de constructor, este dominicano tramposo aparece como promotor de empresas petroleras? Aquí como en muchos otros contratos del gobierno de los truhanes apristas, no se siguió la metodología de lo establecido por la ley y los reglamentos, siendo quienes rompieron con el diseño los más altos dignatarios: Alan García Pérez y Jorge Del Castillo. Ambos solitos negociaron con la telefónica las tarifas básicas, con las mineras la desvergüenza de pedir limosnas de quinientos millones en vez de cobrar impuestos; con los chilenos otorgando gollerías en inversiones de toda clase (puertos, madereras, líneas aéreas) y la venta de Wong; con los chinos para el proyecto Majaz; con la Hunt la exportación del gas de Camisea hacia Chile y con la Suez los nuevos gaseoductos; etc. etc. etc. Preguntémonos: ¿si se actúa y trabaja con transparencia y honestidad, es dable el comportamiento de este par de cínicos y redomados ladrones? Nadie ni el presidente de la república ni ninguno de los ministros debe recibir a los "negociadores" o empresarios de contratos o concesiones. Para ello existen las licitaciones públicas nacionales e internacionales. Sin embargo la costumbre aprista es de otra naturaleza, ya internacionalmente conocen a Alan García y sus secuaces, ellos mismos negocian para asegurarse las COIMAS MILLONARIAS.

Pero como no podía ser de otra manera Alan García, haciendo gala de su verborrea de charlatán de plazuela, aprovechó la señera e ilustre imagen de don Miguel Grau para pasarse por honrado con el típico histrionismo de sus ademanes públicos. De esta suerte pidió la colaboración de los partidos políticos y del Congreso para “arrancar de raíz” el flagelo de la corrupción en el país que hace dudar a la ciudadanía y configura una "traición a la patria". “Que caigan todas las cabezas necesarias para que el Perú pueda marchar” dijo cínicamente en su discurso por el 129 aniversario del combate de Angamos; García Pérez cuestionó que "tres o cuatro felones" quieran aprovecharse del desarrollo de la nación. Sin embargo todos sabemos que son muchísimos más los felones y él el principal artífice de la danza de millones en el juego de la coimas y gananciales de gestión. Qué difícil ser estatua habrá pensado don Miguel Grau, contenido por no poder bajarse de su pedestal y arrojar al mar a todos quienes usan su nombre para henchirse de falso patriotismo.
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