martes, 7 de octubre de 2008

Alan García con las manos en la masa


Carlos Angulo Rivas

La indignación de Alan García Pérez por la denuncia televisada de alta corrupción de dos de sus más íntimos compañeros y amigos es tan grande, absolutamente tan grande como su cinismo de mentir al país en cuanta oportunidad se le presenta. Los hilos del enorme negocio pútrido de la concesión de lotes de explotación petrolera llegan a palacio de gobierno por la vía directa, la consanguinidad amoral del presidente. En primer lugar, el premier Jorge del Castillo confirmó que se reunió con el empresario dominicano Fortunato Canáan y el ex ministro y ex diputado aprista Rómulo León Alegría, alrededor del asunto vinculado a las jugadas para beneficiar a la empresa noruega Discover Petroleum a través de la empresa estatal Perupetro. A confesión de parte relevo de pruebas, Del Castillo afirma: “Es un hecho que yo mismo he contado. Yo he recibido al señor Canáan a instancias, no del señor Rómulo León, que no tenía nada que ver con su presencia. Rómulo León se incorporó después, en una segunda conversación, en la que, efectivamente, se me pidió que yo gestionara una cita con el presidente Alan García, cosa que no hice. Esto fue más o menos en febrero 2008.” Si no fue él ¿quién incorporó a Rómulo León Alegría en el negociado? La respuesta es meridiana o Del Castillo miente o García Pérez, o los dos acaso, pues necesitaban un operador aprista experto y de extrema confianza en la transacción

De otra manera no se explica lo que a continuación dice el mismo Jorge Del Castillo: “Estas conversaciones o estas atenciones uno las tiene que brindar como primer ministro. Las hago usualmente con inversionistas peruanos o extranjeros que están interesados en invertir, en desarrollar proyectos de interés para el país, con todos tengo el mismo nivel de respeto, se suele explicar la situación económica y jurídica del país.” Luego agrega: “no tengo la menor idea de quién pudo llevar hasta Palacio de Gobierno al dominicano Canáan para que se reúna con el presidente Alan García y el ahora ex ministro Luis Valdivia” foto agencia oficial Andina de fines de abril. Del Castillo agrega: “tengo entendido que en algún momento llegaron a tener una reunión en Palacio, si no me equivoco a fines de abril, pero esa reunión yo no la solicité, no la gestioné, no la tramité, no tengo nada que ver con esa reunión.” Aquí salta la madre del cordero, no importa quién gestionó la reunión, lo más probable el amigo íntimo del presidente, Rómulo León Alegría; el asunto de fondo es que se reunieron con Alan García, lo cual comprueba su participación en el negociado descubierto no por parte de la fiscalización del propio gobierno sino por la denuncia de la prensa y la TV.

No es la primera vez, la supuesta rabieta del presidente es un simple show mediático de su conocida capacidad histriónica. No hace mucho, el gran artista de la opereta cómico-trágica del país nos vino con que a los funcionarios corruptos (el 99% de los que tienen mando y toman decisiones) deben ser echados a patadas de la administración pública. Y a los apristas con dos patadas,” se supone en el trasero; y yo me pregunté en ese entonces ¿con cuántas patadas hay que votar al jefe de la banda o sea a Alan García y con cuántas otras a sus ministros sobre todo a esos Alva Castro y Jorge del Castillo? Observemos que hoy en día, descubierto con las manos en las masas Alan García Pérez sale con otro de sus exabruptos: “Si dos ratas se confabulan para hacer un negocio, se les aplica el veneno de la acción legal (...)” que chistoso ¿verdad? el “veneno” de un Poder Judicial envenenado por la corrupción hasta sus fibras más intestinas, como sabemos penetrado y asaltado por fiscales, jueces y magistrados supremos apristas y fujimoristas-montesinistas. Además, todo el Perú sabe que dos o tres ratas son las que conversan siempre pero muchas las que comen del mismo plato. La cuestión es no dejarse descubrir como dijo, muy fresco, alguna vez el primer ministro Jorge Del Castillo; tanto es así que con mayor rapidez los agentes del ministerio del Interior quieren saber como se filtraron los videos del escándalo antes que detener a los facinerosos del frustrado asalto al Estado.

Los amigos íntimos de Alan García, las dos ratas como él ahora los llama, no son desconocidos sino hombres de confianza de Palacio de Gobierno. Los que acceden fácil al presidente por celulares secretos. Rómulo León Alegría, ex diputado aprista y ex ministro de Pesquería, una de las ratas, fue acusado de enriquecimiento ilícito en 1990 al denunciarse que en sus cuentas personales existía un desbalance de cientos de miles de dólares. Ante esta escandalosa situación, el APRA optó por expulsarlo de sus filas. Siete años después, la Corte Suprema declaró prescrito su caso. ¿No nos trae a la memoria otro caso similar? recuerden que Alan García fue expulsado del partido por lo mismo, enriquecimiento ilícito, declarado reo contumaz por el poder judicial y perdonado por la justicia fujimorista con las mismas razones: “prescripción de sus delitos.” A ambos, el APRA les restituyó la militancia, a García Pérez lo necesitaban como líder y León Alegría intentó ser candidato al Congreso, sin embargo, fue tachado en las elecciones internas por sus antecedentes delincuenciales, entonces su amigo Alan García postuló a la hija de éste Luciana León, actual congresista. Alberto Quimper, la otra rata, fue asesor y confidente nada menos que en sus asuntos tributarios (esconder latrocinios y hacer enjuagues) de Alan García Pérez y abogado personal en otras materias, de seguro non sanctas, según afirma Lourdes Flores, lideresa de Unidad Nacional. De allí que fuera nombrado director de la empresa estatal Peropetro, ente involucrado en la escandalosa denuncia. Ambas ratas, en comunicado oficial del APRA, han sido expulsadas de la maquinaria amoral del robo consuetudinario, es decir, el partido. Pero ya regresaran, estemos seguros. Todos vuelven dice la canción, nos viene a la memoria otro amigo íntimo de Alan García, hombre de extrema confianza y mártir en guardar las espaldas a su jefe; además, cajero automático de las habilidades de enriquecimiento ilícito del reo contumaz: Agustín Mantilla Campos.          

La descomposición es total, no cabe duda. Los antecedentes criminales de los alanistas respiran por sí solos. La cuestión es no dejarse descubrir dicen con desparpajos los apristas. Así de simple y esa es la idiosincrasia actual del 90 % de los funcionarios públicos apristas infiltrados en el aparato estatal. No todo se puede detectar. No todo puede ser denunciado por el periodismo en un mar de amoralidad presidida por el avezado jefe de la banda. Esta vez, los caídos en desgracia son grandazos. Pero ¿qué pasa con los más grandazos y sus arreglos bajo mesa? ¿Qué pasa con las millonarias coimas bien hechas y jurídicamente asesoradas, las que son difíciles de probar? ¿Por qué el arreglo con la Telefónica del Perú fue en secreto y con la participación sólo de Alan García y Jorge del Castillo? ¿Cómo fue el arreglo con las empresas transnacionales mineras para que no paguen ni regalías ni impuestos a las sobre-ganancias multimillonarias en dólares? ¿Dónde está la transparencia? ¿Y la compra de los patrulleros? ¿Y el tráfico de drogas, cuando en cinco años cogen o queman apenas 35 millones de dólares de coca y el negocio estimado es de dos mil millones de dólares al año? Bueno, podemos encontrar un montón de etc., etc. y etc. en cuanto a los negocios millonarios de los políticos y empresarios grandazos. ¿Quién se atreve a investigar a ministros de estado, gerentes o empresarios como Dionisio Romero o Benavides de la Quintana?  

Tan íntimo de Alan García debe ser el aprista Rómulo León Alegría que se mostró desafiante: “Que vengan pues, yo estoy en mi casa, que me den un mandato de detención, que me llamen al Poder Judicial” “Soy una persona que vive, actúa, trabaja, consume. ¿Qué les parece si yo tengo la necesidad de ganar dinero sin hacer cosas que vayan contra la moral y las buenas costumbres?” Y, en el colmo de la insolencia y desvergüenza alegó que el verdadero tema de fondo era que se había violado su intimidad “al interceptarse una conversación privada”. Inescrupuloso y atrevido ¿verdad? tal vez no sea un militante sacrificado y silencioso como Agustín Mantilla, por eso han tenido que rodar varias cabezas: la del ministro de Energía y Minas Juan Valdivia, la del presidente de la empresa Petroperú, César Gutiérrez, la del directivo (rata) Alberto Quimper. Veremos, qué pasa, pues los gritos desaforados de su amigo Alan García clamando honestidad parecen tenerlo sin cuidado. Algo sabrá Rómulo León Alegría. Algo sabrá.

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