domingo, 25 de mayo de 2008

José Fernández Salvatecci - Piden reivindicar al acusador de Montesinos (2001)




GUISELLA VARGAS
Hace más de 24 años, el mayor EP José Fernández Salvatecci fue el primero en dar la voz de alerta sobre las malas artes de Vladimiro Montesinos. Fue él quien, en vida, reportó a sus superiores sobre la venta de información militar clasificada que Montesinos habría hecho a la CIA, luego de sucesivos actos de espionaje contra diversos comandantes generales de la época.
Por ese hecho, Montesinos pudo merecer la pena de muerte por traición a la Patria, pero sus fuertes vínculos con el poder lo dejaron permanece con vida para seguir haciendo de las suyas hasta la actualidad.
Según su propio testimonio, cuando a finales de 1975, Fernández Salvatecci se enteró de que Montesinos integraría el equipo de asesoramiento en la Oficina
del Primer Ministro a partir del 1 de enero de 1976, se presentó ante el jefe de Estado Mayor, general Jorge Fernández Maldonado para informarle de que tenía datos de que el entonces capitán vendía información militar. Pero su superior no quiso escuchar sus alegatos, afirmando que Montesinos era recomendado del general Enrique Gallegos.
Días después, el denunciante fue transferido de las oficinas del Estado Mayor al Servicio de Inteligencia del Ejercito (SIE), cuando Fernández Maldonado asumió la Comandancia General del Ejercito.
Allí, en el SIE, descubrió que Montesinos había sido “colaborador” de esa institución bajo el seudónimo de “miguel” y que había sustraído documentos de los altos mandos militares para entregárselos a generales informantes de la CIA. Montesinos habría cobrado periódicamente US $ 5 mil por informes de compra de armamento soviético, así como acuerdos reservados de la Presidencia.
Con las pruebas bajo el brazo, volvió donde Fernández Maldonado para demostrarle que Montesinos era un traidor a la Patria, pero éste le habría respondido que esa denuncia pondría en peligro el “prestigio” del Ejercito y su propia “imagen” como comandante general.
Desilusionado, el mayor denunció el caso al secretario general de la Oficina del Primer Ministro, general Arturo Valdés Palacios, a quien le mostró una copia de un proyecto de Ley que Montesinos habría sustraidote esa oficina, comandada por el general Edgardo Mercado Jarrín. Valdés prometió que destituiria a Montesinos, pero no lo denunciaría por traición a la patria. Recién entonces Fernández Salvatecci supo que se encontraba dramáticamente solo.
Ese día, el oficial tropezó en el camino con la secretaria del general Fernández Maldonado, quien muy entusiasmada le presentó a Montesinos. No tuvo otro camino, que aguantar la ira para no dar paso a sospechas.
Montesinos le dijo entonces: "Mayor, qué honor conocerlo. Siempre he tratada de hablar con usted (...) Es necesario que conversemos pues la revolución está en peligro y nosotros tenemos que hacer algo. (...) Mi mayor, Ud. es un líder. Quiero trabajar con Ud.". A lo que Fernández respondió: "¿Cuántos galones tengo capitán?" "Cuatro", dijo Montesinos. "Bueno, esperemos a llegar a ser generales para pensar en el Gobierno y en la revolución, mientras tanto bien haría en acordarse que es oficial y vaya a seguir el curso avanzado de artillería del que se está escabullendo. ¿O es que no le importa la carrera? (...) Ud. ha despreciado un viaje a Brasil donde el general Mercado quiso enviarlo. Acuérdese de su profesión y regrese al Ejército para cumplir con sus obligaciones y deje de pensar en política".
Fernández continuó investigando a Montesinos e incluso dio esa tarea a otros amigos oficiales velasquistas con quienes integraba un grupo clandestino para derrocar a los generales que encubrían un delito mayor de traición a la Patria.
Pero este intento fracasó el 20 de julio de 1976 y cual burla del destino Montesinos fue designado para investigarlos. Sin embargo, el 20 de setiembre de 1976 la agencia de noticias Latin American informó internacionalmente sobre un plan secreto de represión diseñado por el jefe del Servido de Inteligencia Nacional, Juan Schrot Carlín, ayudado por un tal Montesinos. Daba cuenta además de una carta escrita por Fernández Salvatecci y sus compañeros detenidos bajo el cargo de subversión, en la que acusaban a sus superiores de ser agentes de la CIA. Pedían además que se les hiciera un juicio marcial para exponer el Caso Montesinos. Finalmente, fueron destituidos por insubordinación.
Fernández Salvatecci escribió después que el Comando del Ejército se vio precisado a desprenderse de Montesinos y lo envió al grupo de artillería de Tumbes, de donde desertó para fugar a Washington, tras lo cual fue detenido y al allanar su domicilio se encontraron diversos documentos secretos. Pero, lejos de juzgarlo por traición a la Patria, fue condenado por delitos graves, cumpliendo condena hasta febrero de 1978.
Cuando Montesinos fue dado de baja, el 28 de setiembre de 1976, Fernández Salvatecci se asiló en la Embajada de Venezuela alegando haber sido víctima de un intento de asesinato por haber denunciado las actividades de Montesinos.









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