viernes, 10 de abril de 2009

Cesar Hildebrandt: ¡Llegaron las putiencuestas!

La putiencuesta de Manolito Saavedra, el hombre de CPI, ya está aquí. También vienen las de la Universidad de Lima, la de las hermanitas Susy y Cucharita Díaz, la del Bartolomé Herrera espectral y la de “La Razón” & Company, que siempre es la más creíble porque se hace sin recursos ni prejuicios ni preguntas.

Manolito Saavedra siempre fue uno de los científicos de la demoscopía que Fujimori llamaba a Palacio y pagaba al contado para que le dijera qué hacer cuando algún periodista incómodo había descubierto una porquería que debía ser tapada con un psicosocial, un milagro de utilería o un carraspeo terrorífico de Martha Chávez.

Gran consultor era Manolito. Yo lo conocí cuando era muy decente y estaba en el negocio de los conteos rápidos a boca de urna, así que fuimos dupla segura en varias elecciones. Y la verdad es que el hombre la achuntaba con frecuencia. En esos tiempos era un hombre modesto que vivía bien gracias a su trabajo.

Lo volví a ver, años después, en la época en que Baruch Ivcher le hacía la vida imposible con una tonelada de juicios. Lo acusaba de trampear con las cifras del rating. Y nunca supe quién tenía la razón en esto de las sintonías y los contoneos.

De lo que sí me di cuenta es de que ya el hombre estaba “trabajado” por el fujimorismo –con todo lo que eso puede implicar-. Esquivaba la mirada, hablaba más bajito que nunca, estaba secuestrado por una sucesión de subjuntivos que lo hacían indescifrable. Y una finísima caspa le veteaba los hombros, como si acabara de bajar de alguna altura alpina.

En ese periodo de su mutación, uno podía preguntarle si no creía que la gente estaba asqueada de tanta mugre nipo-peruana y el hombre te respondía:

“En los sectores A y B podría estar produciéndose, no sé si un rechazo o una especie de darse cuenta de que..., es decir, de percatarse de algunas diferencias entre el discurso del presidente y lo que podría estar haciéndose, pero, como tú sabes, César, esos sectores no son representativos...”

Entonces uno, por fregar, insistía:

-¿Y en el sector C?

-“Bueno, allí, donde tampoco tenemos un gran peso de acuerdo al padrón electoral, podrían estar sucediendo, muy discretamente, algunos cambios que, de mantenerse, y esto es una hipótesis, alterarían en un porcentaje mínimo ciertas cifras...”

El hombre se había convertido en el seguro servidor del sake y en el cortador del sashimi de Fujimori. Hablaba con la voz de un ábaco y uno presentía que tenía un kimono pervertido colgado en el baño.

En todo caso, demostró su sólida conversión al fujimorismo durante el largo vestíbulo de la segunda reelección (ilegal) del sátrapa.

Recuerdo perfectamente las maniobras que Saavedra y Forrado –y a veces Apoyo- hicieron para desalentar a la oposición, para desacreditar los discursos alternativos, para demoler a Andrade, para favorecer al Congreso hediondo y para gritar a los vientos, con sus cifras de contadores de Enron en la mano, que Fujimori era imprescindible, que su régimen tendía a la eternidad por aclamación y que el descontento era un invento del rencor.

¡Si le hubiésemos creído a Saavedra y a su harén de sumas teológicas jamás nos habríamos librado –Baygón en ristre- del fujimorismo ladrón y asesino!

Saavedra no sólo ganaba dinero aconsejando a Fujimori y dándole las encuestas que, a todo costo, le solicitaba Montesinos. Saavedra era también poderoso, íntimo y cercanísimo.

Y cuando hizo su Cepri propia y vendió su patente monopólica de mediciones de sintonía, la fortuna le llegó por fin. Ahora era un hombre encumbrado y con plata.

¡Cómo ha sufrido Manolito todos estos años de casi viudez despensionada!

Por eso es que ayer, más melancólico que nunca, este abanderado del fujimorismo nos regaló con una encuesta hecha –esa fue la fallida intención- para demostrarnos que “la condena a Fujimori es rechazada por el 59 por ciento de limeños”. Así decía el titular colgado en el portal de RPP. Parecía escupido por Carlitos Raffo.

¿Cincuenta y nueve por ciento de limeños rechaza la condena? –me pregunté antes de enterarme de que detrás de los números estaba Saavedra.

De inmediato, claro está, RPP, la radio de Manuel Delgado Parker –que pronto pondrá, en “Mi novela favorita”, “Pantaleón y los visitadores del SIN”- rebotó el regalito con todos los titulares posibles y con todos los Chemas y todos los Raúles reverberando.

Pero como los años a algunos mejoran y a otros les sancochan la azotea, resulta que las cifras de Manolito Saavedra no cuadran. O sea, se cuadran ante el jefazo de siempre pero resultan, como muchas de las de antes -las de los tiempos del cólera-, un verdadero fraude.

Un fraude al que el fujimorismo gregoriano de RPP se ha prestado.

Porque lo cierto es que si uno examina con atención los números de CPI –más allá del sesgo de las preguntas sentimentaloides- encontrará que la verdad es exactamente lo contrario de lo que nos han querido hacer creer.

Veamos. El 36 por ciento de los encuestados está plenamente conforme con la condena. Todavía hay un 4 por ciento que piensa que el veredicto debió ser más contundente. Allí tenemos ya un 40 por ciento.

Luego viene lo bueno. Si uno escarba detrás del curare que Saavedra y RPP le pusieron a los cuadros encuentra que hay un 28 por ciento de limeños que han sido puestos en el rubro del fujimorismo doliente porque han dicho que no están de acuerdo con la magnitud de la condena. No es que consideren a Fujimori inocente. No es que consideren injusto que haya sido sometido a un proceso y condenado. En lo que no están de acuerdo es –Saavedra dixit- en la cantidad de años impuesta. ¿Eso los hace parte de la corte que Saavedra y RPP integran vestidos a lo Pompadour?

No. Y por eso es que hablamos de una auténtica manipulación de resultados. Frente a la pregunta específica de si Fujimori debió ser o no condenado, sólo un 26 por ciento, según los propios números semiencriptados de Saavedra, está por la absolución.

De modo que si sumamos el 36 por ciento de conformes, el 4 por ciento que piensa que debieron ser más años y el 28 por ciento de los que no rechazan una condena pero sí la severidad de la del martes, tenemos que el 68 por ciento de los encuestados han rechazado la idea de la inocencia y la absolución y que sólo un 26 por ciento se ha manifestado por la liberación sin cargos del señor Fujimori.

¿Ven hasta dónde puede llegar el criollismo del trío Los Chemas (Saavedra, Salcedo y Manuel Delgado)?

No importa. Estas majaderías de lloronas que solicitan su montepío era de esperarse. Ahora lo que aguardamos con fervor es la encuesta Benavente-Ilse, financiada por la rabia cuantiosa de quienes prosperaron hasta la grosería gracias a las leyes de la dictadura.

En otro cuadro, Saavedra ha puesto la pica en Flandes (o en Palacio de Gobierno). Dice que un 52 por ciento de encuestados de la capital estaría muy de acuerdo con que Alan García indulte a Fujimori.

Ese era el asunto de fondo. Primero te cuento lo de la injusticia y el clamor gimiente de las masas. Después te invito a que abras la reja. Ojalá que García, que en estos días parece haber recordado que es un Presidente, no caiga en estos cantos de manatí.


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