domingo, 15 de febrero de 2009

Abuso de poder

La historia que narra el Subdirector de LA REPUBLICA no es la excepción a la regla. Esto ocurre en el año 2009. ¿Se imaginan en época de la guerra sucia? Ahí no había citaciones. Más había desapariciones.


Tomado de LA REPUBLICA


Por Carlos castro
Subdirector

¿Cómo se sentiría usted si al retornar a su casa por la noche, tras intensa jornada de trabajo, se encuentra de pronto con un documento oficial en el que lo acusan de ser uno de los dirigentes de una organización que podría tener vínculos con “actividades ilícitas, grupos terroristas residuales o intromisión de otros gobiernos en asuntos internos de nuestro país”? Tal vez como Gregorio Samsa, el personaje de La metamorfosis de Franz Kafka, que una mañana despertó en su cama convertido en un monstruoso insecto. Un hecho impensado.

Pablo Isidro González Trujillo, profesor de primaria desde hace 21 años, volvió un día a su casa, en la primera cuadra de la calle Calca, Tahuantinsuyo, del distrito limeño de Independencia, y se encontró con una citación de la comisión del Congreso que investiga a las Casas del Alba.

El inconcebible documento es para alarmar a cualquier ciudadano, y más aún a una persona como Pablo que ha dedicado su vida al trabajo: por la noche, después de dictar clases, hace taxi porque “los maestros –nos dice– ganamos sueldos miserables”.

En la citación la comisión le pedía que “en su condición de Coordinador de la Casa de la Amistad Peruano-Cubana” de Villa El Salvador le informe cómo está constituida su organización, quiénes la integran, y qué tipo de financiamiento reciben. Así mismo, que diga si “reciben algún tipo de financiamiento externo”, y que dé cuenta de la relación de “casas” similares en todo el país.

Pablo Isidro no lo podía creer. ¿Qué tenía que ver con las Casas del Alba? Justo él, que hasta ahora, a sus 54 años, prefiere mirar de lejos a los partidos. La citación trajo preocupación, dudas y desasosiego en su casa. “¿A qué te estás dedicando, padre?”, le preguntaron sus hijos.

¿Qué hacer?, pensó. La citación le decía que podría acudir con un abogado. Pero la comisión no le explicaba cómo pagar a un defensor con el exiguo sueldo que recibe. Lo primero que hizo fue acudir a la Policía para que constate que en su casa no funcionaba ninguna Casa del Alba. En el camino le llegó una nueva citación que aumentó la preocupación en su hogar. Esta vez le advertían que en caso de no acudir podrían hasta allanar su domicilio.

Desde ese día –4 de agosto de 2008– los miembros de la familia González se turnaban para dormir. Vivían agobiados y bajo el temor de que en cualquier momento su domicilio sería allanado por orden de la comisión. Cuando Pablo tuvo la copia certificada de la Comisaría acudió de inmediato a la Comisión Menchola. Iba dispuesto a enrostrarles a sus miembros la angustia que su irresponsabilidad había llevado a su familia. Se negaron a recibirlo. Cuando preguntó por qué entonces lo involucraban en una investigación, uno de los voceros de la comisión le respondió que lo tenían en “una foto comprometedora”. Seguro de su inocencia, pidió que se la mostraran, pero nada.

El 24 de setiembre volvieron a citarlo por las mismas razones. Y a recordarle que de no acudir sería llevado por la policía. Seis días después, Pablo González estaba ante la comisión. Allí lo esperaban Walter Menchola, presidente del grupo, José Vargas, Edgard Reymundo, Carlos Raffo y Víctor Isla. Le preguntaron de todo. Al final, al comprobar que se habían equivocado, le preguntaron si quería agregar algo. “Sí, que me envíen un oficio o una carta disculpándose. Es lo que como ciudadano agraviado me merezco”, respondió. Hasta ahora, Pablo espera ese documento.

Al igual que él, otros cientos de ciudadanos son víctimas a diario del abuso del poder del Estado y no reciben una disculpa. Mientras tanto la comisión que investiga a las Casas del Alba sigue en el limbo. Como ocurre también con los otros siete grupos de investigación que se han formado desde el 2006 –el último es el de Petro-Tech– y que aún no presentan su informe final. Solo han servido para que sus integrantes ganen cámaras y se paseen con el dinero de los peruanos. Hasta el próximo domingo.
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