martes, 17 de junio de 2008

La ira de Moquegua!












Justicia para Moquegua

César Lévano cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

En el momento en que esto escribimos, Moquegua sigue en pie de lucha. La violencia que ésta ha adquirido se debe exclusivamente a la imprevisión, la arbitrariedad y el terco ­afán represivo del gobierno.

Uno de los elementos de la persistencia de la protesta obedece a una táctica repetida del régimen: primero, mientras reclamas pacíficamente, no te hago caso; después, cuando, llevado por la impaciencia, empleas el paro y la acción colectiva, me niego a negociar mientras no depongas tus medidas.

Entre tanto, envío tropas represivas, arrojo gases lacrimógenos contra la muchedumbre y provoco la reacción popular.

Por supuesto, Alan García ­amenizó previamente la situación con el comentario de que la protesta era obra “de una pequeña minoría que no respeta la ley”. Para enfrentar a la “pequeña minoría” envió un general y un fuerte contingente de represores, con helicópteros y todo.

La “minoría” hasta capturó al general PNP Alberto Jordán Brignole, jefe de la Undécima Dirección de la Región Policial Sur, y a decenas de policías.

En este aspecto, invocamos la mayor serenidad del pueblo moqueguano. Cualquier exceso contra los secuestrados podría generar una represión a gran escala, que es lo que buscan los sectores fascistas que rodean a García. Conviene, además, que ejerzan vigilancia frente a la posibilidad de que actúen provocadores, enviados por el oficialismo disfrazados de radicales.

Décadas atrás, cuando el pueblo cusqueño se enfrentó a la represión, derrotó a la soldadesca y hasta capturó al jefe de la región militar, revolucionarios bien templados –ante todo Emiliano Huamantica– evitaron que se matara al general, lo cual hubiera provocado una masacre incalculable.

Jorge del Castillo dice ahora que puede dialogar, pero si cesan las acciones que el gobierno ha provocado.

La protesta de Moquegua es masiva y mayoritaria. Es, además, razonable. Considera que es injusto que este año se le adjudiquen sólo 189 millones de nuevos soles por concepto de canon minero, a pesar de que la producción de Cuajone, que está en su ­área, es superior a la de Toquepala, que corresponde a Tacna.

El problema es el reglamento de la ley 27506 que sujeta el monto del canon a la cantidad de tierra removida, no, como sería justo, al volumen de mineral extraído.

Esto requiere una modificación del Congreso, que tome en cuenta también los intereses de Tacna.

En el contexto aparece la ausencia de una política minera. Lo que hay es legislación incompetente, cuyo filo se dirige a favorecer a las grandes mineras. Un impuesto a las sobreganancias podría permitir beneficios más altos para las regiones involucradas.

Al gobierno corresponde ­abrir diálogo inmediato con Moquegua, concretar propuestas compensatorias y no plantear, como cuestión previa, la cesación de la lucha moqueguana.

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