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domingo, 15 de mayo de 2011

GRAN ESTAFA: La verdad del retorno de las piezas de Machu Picchu

"Mínima parte esta regresando al Perú", Congresista Lescano.

Solo se refiere al embarque de 1912 de Machu Picchu. En ese mismo añlo se habia hecho otras excavaciones fuera del área de Machu Picchu.

Tampoco el compromiso nombra el embarque de 1916. Este último fue de trabajos de dos años de exploraciones.


miércoles, 4 de junio de 2008

Machu Picchu no habría sido descubierta por Hiram Bingham


Machu Picchu
Originally uploaded by itzlae

Escuche el relato en RPP y contaron que tuvieron permiso del gobierno peruano. Dijeron también que el gobierno peruano y mediante Decreto Supremo (que lo han ubicado) dio permiso y se ponía como condición el 10% (DIEZ POR CIENTO de lo encontrado!).

Javier A. Fernández

Según unos investigadores, el hallazgo lo hizo el alemán Augusto Berns en 1867, 44 años antes que el arqueólogo estadounidense.

La ciudadela incaica de Machu Picchu, la mayor joya arqueológica de Perú, fue descubierta por un aventurero alemán en 1867, 44 años antes que el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham la diera a conocer al mundo, revelaron este miércoles a la AFP investigadores sobre este tema.

El hallazgo lo hizo Augusto Berns, que era un buscador de oro y un empresario maderero, dijo el historiador peruano Carlos Carcelén quien realizó su investigación junto con el cartógrafo estadounidense Paolo Greer, el arqueólogo francés Alain Gioda y el historiador británico Alex Chepstow-Lusty.

Este equipo realizó investigaciones en archivos de Perú y de España que cuestionan la versión de que Machu Picchu fue descubierta en 1911 por Bingham.

"Hemos demostrado que Berns y sus socios extrajeron el oro de los restos arqueológicos de Machu Picchu utilizando una empresa que obtuvo una concesión minera para explotar madera y oro en la zona donde se encuentra la ciudadela", dijo Carcelén.

"Lamentablemente comprobamos que hubo un gran saqueo de objetos de oro que luego fueron vendidos a museos y universidades europeas", explicó.

"Fue el descubrimiento de un mapa alemán del siglo XIX en los archivos de la Biblioteca Nacional de Lima" por el cartógrafo Paolo Greer que puso a los investigadores sobre la pista, explicó a la AFP Alan Gioda, historiador del Instituto para la Investigación y el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés).

Berns sería entonces el verdadero descubridor de la ciudadela indígena que los conquistadores españoles nunca encontraron.

"Es mi íntima convicción y en este punto asumo el riesgo" por esa afirmación, dijo Gioda, explicando que los investigadores poseen un manojo de pruebas: documentos que evidencian la explotación de la mina, el mapa, la concesión e inclusive una frase de Bingham, que expresa la posibilidad de que un explorador se le adelantó en Machu Picchu.

Hasta ahora Bingham es considerado el descubridor de Machu Picchu en 1911, pese a que en Perú campesinos locales ya conocían antes de esa fecha su existencia aunque no su valor arqueológico.

Carcelén fue enfático al señalar que a Berns "no lo movía un interés científico ni arqueológico" sino que formaba parte del contingente de europeos -ingleses, franceses, italianos y alemanes- que "venían a saquear al Perú en el siglo XIX".

"Eran comerciantes que no tenían oficio ni beneficio, sin conceptos morales que llegaron a enriquecerse, a sacar el mayor provecho en muchas actividades", refirió.

Berns encontró su lugar de explotación e instaló un aserradero en la selva al sudeste de Cusco, instalándose en Aguas Calientes, poblado al pie de la montaña donde se ubica Machu Picchu.

Su empresa, sobre la cual se han encontrado documentos de fundación en la Biblioteca Nacional de Perú, era utilizada por el alemán para sacar el oro al extranjero, señaló el historiador.

Los investigadores están tratando de determinar la cantidad de piezas arqueológicas que se llevó Berns y están tras la pista de "una serie de individuos, contactos comerciales y socios que negociaron el oro y otros objetos en Europa".

Carcelén anotó que misteriosamente en Europa comenzaron a surgir a fines del siglo XIX colecciones en muchos museos y universidades europeas con objetos procedentes de Perú.

Sin embargo, no hay registros de expediciones arqueológicas ni antropológicas en esa época a Perú, aseveró, señalando que fue a partir de la llegada de los objetos saqueados que universidades alemanas comenzaron a enviar expediciones.

Actualmente se siguen negociando los objetos de Machu Picchu que extrajo Berns. "Por eso la idea de divulgar esta información en medios europeos es para evitar que se siga con este comercio", dijo.

Para poderse llevar las piezas arqueológicas Berns contó con la anuencia del presidente de la época, José Balta, quien se mostró muy permisivo con el alemán, según Carcelén.

Fuente: AFP

jueves, 1 de mayo de 2008

La cara humilde de Machu Picchu

Machu Picchu, desde su trono de piedra, humilla al visitante que se acerca a sus pies por el valle del Urubamba y, sin embargo, las huellas materiales de su gente, que están en el centro de una disputa internacional, son objetos simples, casi humildes.

Hay vasos que recibieron chicha, tostadores de maíz de tres patas, morteros para el grano, platos con mangos labrados, y miles y miles de fragmentos de cerámica y hueso que ocultan secretos de las vidas de los hombres y mujeres que trabajaron en las laderas de la ciudadela inca.

Estos restos residen, desde 1912, en sótanos de la Universidad de Yale, en la localidad estadounidense de New Haven.

Allí han languidecido durante décadas después de que los trajera Hiram Birgham, un profesor que se topó con Machu Picchu, como suele ocurrir con los exploradores, cuando buscaba otra ciudad, Vilcabamba.

Nadie prestó atención a los objetos durante 70 años.

En la década de los 60, un fuego ahumó las cerámicas y se mezclaron piezas de otros lugares incas con las de Machu Picchu, según reconoció Lucy

Salazar, una arqueóloga peruana que trabaja en Yale.

"A partir de 1983 empezamos a ver qué había", dijo Salazar.

Los arcones no contenían el oro y las joyas que atizaron la codicia de Francisco Pizarro siete décadas después de la construcción de Machu Picchu, en 1460.

Eran menaje de cocina y útiles diarios, similares a otros objetos hallados y robados de huacas y asentamientos en todo Perú.

Pero son especiales porque dan pistas de la vida en la ciudadela más emblemática del imperio inca, un lugar entre sierra y selva, tan bello que parece una quimera.

Gracias principalmente al trabajo de Salazar y su marido Richard Burger han salido del anonimato, como si los trabajadores a los que pertenecieron hubieran también abierto los ojos.

En 2003, 1,2 millones de personas acudieron a ver unas 360 piezas de la colección en una muestra itinerante por Estados Unidos organizada por Yale.

Al mismo tiempo, desde hace siete años, la universidad está enfrascada en una disputa con dos gobiernos sucesivos de Perú sobre el futuro de los objetos.

Nadie diría que Yale posee tal tesoro cultural al visitar su principal museo, el Peabody, que sólo tiene en exposición siete vitrinas con cerámicas y morteros de Machu Picchu.

Las piezas compiten en espacio con los 13 millones de objetos de arte que tiene en propiedad Yale, según Barbara Shailor, la encargada de todas las colecciones.

El resto de los objetos incas permanecen en los archivadores de metal de una sala amplia donde estudiantes de arqueología con batas blancas catalogan, examinan y fotografían un rompecabezas de fragmentos bajo la mirada de Salazar.

La experta abrió el depósito un día lluvioso de abril para un grupo de periodistas, la mayoría de Lima, invitados por Yale para que vieran lo que tan sólo un puñado de peruanos ha visto.

Salazar empezó a contar la historia de Machu Picchu que relatan los objetos con los que quisieron irse a la otra vida 174 individuos cuyas tumbas Birgham excavó.

La primera hipótesis fue que se trataba de un centro de culto reservado para cientos de vírgenes consagradas al templo del sol.

No hace falta adivinar que la arqueología era asunto de hombres en aquella época.

En cambio, análisis recientes han demostrado que había tantos hombres como mujeres.

En su mayoría eran jóvenes de entre 16 y 18 años, traídos de todo el imperio para trabajos especializados, como moldear el oro excavado en las cercanas minas de Vilcabamba, según Salazar.

En Machu Picchu no se han hallado joyas porque era una residencia de recreo del inca, donde pasaba de mayo a agosto.

"Si se moría alguien de la realeza, alguien noble, tenía que ser llevado a

Cuzco", el centro del universo inca, según Salazar.

Allí sería enterrado al calor del oro.

La única pieza de metal noble hallada es un brazalete, desenterrado por arqueólogos peruanos y que se encuentra en el museo instalado en el propio Machu Picchu.

Las cerámicas en poder de Yale también son testimonio del carácter multiétnico del imperio, pues siguen estilos diferentes.

Hay platos con un mango decorado con cabezas con tocados propios de algunos pueblos de la selva y las vasijas negras características delos chimú.

Por todos lados están, sin embargo, las cabezas de felino y las franjas en medio de dos bandas laterales que representan, de acuerdo con Salazar, el poder unificador del inca.

La expresión máxima de ese poder quizá fue la propia Machu Picchu, que con sus objetos continúa, como en el siglo XV, encaramada entre la niebla.

EFE

viernes, 29 de febrero de 2008

Walter Alva cree que el acuerdo con Yale es poco respetuoso con el Perú

Garcia volvió a vender cebo de culebra al anunciar un triunfo el retorno de piezas arqueologico de la Universidad de Yale.

Su Ministro Hernan Garrido Lecca firmo un vergonzoso acuerdo en contra de los mejores intereses del Perú.


18:24 El arqueólogo considera que el acuerdo para la devolución de las piezas de Machu Picchu debe ser revisado
Sipán (Perú) (EFE).- El descubridor del Señor de Sipán, el arqueólogo peruano Walter Alva, cree que el acuerdo entre el Gobierno peruano y la Universidad de Yale para la devolución de las piezas de Machu Picchu "es poco respetuoso" con la dignidad peruana.
"Nos estaban imponiendo condiciones que no parecían las más correctas. No nos estaban devolviendo un tesoro que fue salvado, nos estaban devolviendo un conjunto de bienes culturales que fueron prestados y nunca devueltos", dijo Alva el viernes en una entrevista con la agencia Efe al quejarse por un acuerdo que considera debe ser revisado.
Una colección de piezas llevadas en 1912 por el explorador estadounidense Hiram Bingham a Yale, como préstamo, para su investigación es el centro de la polémica, avivada en los últimos meses después de que el Gobierno peruano y la Universidad estadounidense alcanzaron un acuerdo para su repatriación.
"No hay nada que nos obligue a aceptar condiciones que no me parecen razonables, como que no participe ningún investigador peruano en la catalogación de los materiales o que ellos decidan qué van a devolver", agregó.
Para Alva, este acuerdo se podría aceptar si Yale "lo hubiera recuperado en el mercado negro", y al respecto agregó: "Estamos hablando de que no nos devuelven algo que les prestamos con la mejor voluntad".
El prestigioso arqueólogo, artífice del mayor descubrimiento realizado en Suramérica en las últimas décadas, sólo comparable al de Tutankamón, cree que "el Estado peruano debe pedir razonablemente que este acuerdo sea revisado y se dé en mejores condiciones".
A su juicio, investigadores peruanos deberían participar en el proceso de investigación y catalogación de las piezas que regresarán a Perú porque "es una selección unilateral por quienes han retenido el patrimonio por muchos años".
Las piezas de Machu Picchu que, tras casi un siglo en Estados Unidos, devolverá Yale son en total 384 y regresarán a Perú en dos años, dijo la directora del Instituto Nacional de Cultura, Cecilia Bákula, en el momento en que se firmó el acuerdo con la Universidad, en septiembre del año pasado.
Aunque el número de objetos que se llevó Binghan era considerablemente mayor, el Gobierno peruano consideró en aquel momento una victoria que Yale reconociera la propiedad peruana sobre ese patrimonio.