lunes, 2 de junio de 2008

Alan García y el manual ME 41-7

Durante el histórico juicio a Fujimori tanto la fiscalía como los abogados de la parte civil han logrado demostrar que el grupo Colina se regía por disposiciones superiores, emanadas al más alto nivel del Estado, lo que viene comprometiendo al propio Fujimori en la tesis tipificada como “autoría mediata” de esos atroces crímenes. Y, de no cambiar el curso de las cosas, se hará justicia condenando a un mismísimo ex presidente.

Pero pocos analistas han reparado que durante el primer gobierno de Alan García se aprobaron disposiciones parecidas o hasta peores con la anuencia del presidente de entonces. Es el caso del Manual del Ejército ME-41-7 aprobado en junio de 1989 y refrendado por Resolución Ministerial firmada por el general Velásquez Giacarini, por entonces ministro de Defensa y que despachaba diariamente con García.

¿Qué dice el manual ME 41-7? Que las patrullas de nuestro Ejército al ingresar en las comunidades donde simpatizantes o campesinos obligados por el senderismo habían sido miembros de sus llamados “comités populares” (OPA, en términos de nuestro Ejército), las patrullas militares deberían: a) “eliminar a los miembros de la OPA. b)... para lo cual se requería las informaciones suficientes para garantizar el éxito de la eliminación. c)…(de tal manera) que la eliminación planeada pueda llevarse a cabo totalmente”.

Y, a continuación se lee este escalofriante párrafo: “En esta operación se tendrá en cuenta que el jefe y los miembros más destacados de la OPA local se hallan demasiados comprometidos con la subversión para que pueda esperarse de ellos un cambio”.

El general Luis Pérez Documet (LPD), entrevistado el 14 de marzo del 2003 por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), aclaró el significado del término “eliminar” contenido en el referido manual:

(CVR) “¿Qué significa eliminarlos? …… (LPD) Eliminar es matarlos…

(CVR) ¿Es una autorización para matarlos?. (LPD) Claro, es como cumplir la misión.

(CVR) ¿No hay otros significados posibles en términos militares?. (LPD) No, no.

(CVR) ¿Eliminar es matar? …(LPD) Es matar… si usted lo encuentra lo mata. (CVR) ¿Aún cuando esté desarmado? (LPD) Aún cuando esté desarmado”.

De julio de 1989 a julio de 1990 (último año del primer gobierno aprista) fueron ajusticiados extraoficialmente y enterrados en fosas clandestinas más de 500 campesinos sospechosos de haber pertenecido a las OPA.


CARLOS TAPIA

viernes, 30 de mayo de 2008

Cesar Hildebrandt: Pensar en muy grande

Pensar en grande tiene sus problemas. Y es que a veces, de pensar tanto en grande, alguien puede estar interpretando el arte de la megalomanía, un modo constructivista de hacer política y de quererse que los psiquiatras no entienden y tratan de calmar (injustamente y de pura envidia) y los humoristas remedan con crueldad (sin tener idea del daño que hacen a la salud de nuestras repúblicas).

La megalomanía es enamorarse de sí mismo a tal punto que hay un momento en que el amante no puede más y se casa consigo mismo, en una ceremonia de autofagia y desdoblamiento que sería la gozada de cualquier sacerdote del vudú. Ese es un matrimonio blindado, invulnerable a las tentaciones y sin escapatoria. Es el amor de a dos en ­una sola persona. Es la autoestima edematosa pero todavía sana que se lleva al altar. Eso es pensar en grande respecto de uno mismo.

Algunos científicos, equivocadamente, han tratado de emparentar esa idolatría de espejo y autoconocimiento con supuestas tinieblas de la mente y han sostenido que la megalomanía debería de llamarse “manía de grandeza”.

Otros, más avezados todavía, han descrito la manía en términos abusivamente generales, de modo que pudieran ofender a quienes gozan de ­una perfecta salud mental. Así, por ejemplo, el llamado “Diccionario de Medicina Oxford-Complutense” describe la manía en los siguientes términos:

“Estado mental caracterizado por una alegría y actividad excesivas. El estado anímico es eufórico y hay cambios rápidos hacia la irritabilidad. El pensamiento y el lenguaje son rápidos, hasta el punto de que hay incoherencia, y la transición entre las ideas puede ser imposible de seguir. El comportamiento también es hiperactivo, extravagante, con formas agresivas e incluso violentas. El juicio está alterado y el propio individuo puede ser víctima de sus propios actos. El tratamiento, generalmente, requiere medicación, como litio o fenotiacinas, y la atención hospitalaria, con frecuencia, es necesaria”. (Página 498, edición del 2001). En la cúspide de los despropósitos está la definición que hace ­esa enciclopedia de la megalomanía: “Ilusiones de grandeza, como creerse Dios, o un rey, etc. Puede ser un rasgo de esquizofrenia, de enfermedad maníaca, o de sífilis cerebral”.

¿Alguien en el Perú de hoy podría, acaso, aceptar esa definición cargada de mala fe? ¿No demuestra la cita que acabamos de hacer que el imperialismo inglés, en sociedad esta vez con la débil cultura hispana, es también académico, cuando no clínico?

Es más, la mala uva trasatlántica dedicada a desprestigiar a personajes que la decadente Europa ya no puede tener, llega a decir, simplistamente, que “la manía es un desequilibrio mental caracterizado por la excitación” (Diccionario de Psicología de Howard Warren, Fondo de Cultura Económica).

Yen el colmo del empirismo difamador, se describe en ese libro varios supuestos tipos de manía: la crónica (que conoce de capítulos largos), la persecutoria (“el descubrimiento permanente de fuerzas hostiles”), la homicida (que no necesitamos explicar), la de grandeza (ya descrita en el aparte de la manía puramente entendida), la ambulatoria (propensión a mudar de escenario constantemente) y aun la perversamente titulada manía coreográfica (descrita como la supuesta perturbación que lleva “a actividades semejantes a la danza”).

Ya lo decía. Eso de pensar en muy grande puede traer más de un problema.

jueves, 29 de mayo de 2008

Hallan 60 restos humanos en Putis - Mas fosas comunes

Mas fosas comunes que son testimonio de la guerra entre peruanos. Dicen que no era política de estado, sin embargo los restos señalan que era al común y sintomático en aquel entonces.

Javier A. Fernandez




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Pilar Sánchez
psanchez@epensa.com.pe

No lo podían creer. Un equipo de antropólogos forenses que viene trabajando en Ayacucho se topó con un escalofriante paisaje: una fosa común, quizá la más grande identificada en nuestro país, con los restos de 60 campesinos.

“Los restos estaban desordenados, unos sobre otros, es decir, entremezclados, y eso dificulta su levantamiento”, explicó Nolberto Lamilla, director de la Asociación Paz y Esperanza en Ayacucho, organización que participa oficialmente en la exhumación.

Se trata de restos hallados 24 años después de una terrible matanza realizada presumiblemente por soldados del Ejército Peruano en la localidad ayacuchana de Putis.

La orden para desenterrar los restos provino –hace dos semanas– de la Segunda Fiscalía Supraprovincial de Ayacucho, a cargo de la investigación. De acuerdo con las pesquisas, son en realidad 126 los restos que yacen allí desde diciembre de 1984, año en que ocurrió el masivo crimen.

Esta información también fue confirmada por Luis Bromley, jefe de Medicina Legal del Ministerio Público, quien en declaraciones a Correo señaló que está monitoreando este trabajo.

Según las primeras investigaciones, en 1984 efectivos de la Base Militar de Putis –adscritos directamente a la Base Contrasubversiva de Huanta– reunieron a pobladores de diversos caseríos y anexos para que sean trasladados a una zona estratégica. Pero un grupo de efectivos del Ejército los aniquiló luego de obligarlos a cavar zanjas, sin que supieran que el lugar se convertiría en su lecho de muerte.

MAS DATOS
Se han descubierto restos de adultos y también de niños (entre 5 y 12 años de edad).


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